Pasar al contenido principal

Las economias transformadoras

El círculo virtuoso de las economías transformadoras


Bien entrado el siglo XXI, sufrimos todavía las consecuencia de aquella operación política e ideológica lanzada durante los años 80s por los paladines del neoliberalismo, que nos ha tenido cerrados durante decenios en la caja de hierro del There Is No Alternative acuñado por Thatcher, encarnación de esta maldita combinación de conservadurismo moral y neoliberalismo económico que aún hoy perdura y nos atenaza.


La crisis financiera global que explotó en 2007 -fruto, precisamente, de la connivencia de los poderes políticos establecidos con las élites financieras y sus ansias de acumulación de capital- evidencia la necesidad de replantear de pura raíz el orden económico establecido. Multitud de voces anónimas, por todo el planeta, se unen en un clamor que apela a la destitución de los regímenes establecidos, desde los indignados hasta las primaveras árabes, pasando por el movimiento Occupy.


En la desmediatización de estos movimientos le acompaña una corriente silenciosa, construida sobre los sedimentos del "otro mundo es posible" del movimiento antiglobalización y de largas tradiciones históricas como el cooperativismo y las economías comunitarias. Una corriente de cabezas y manos que construyen en el aquí y ahora formas de vivir, formas de hacer economía -de trabajar, de habitar, de consumir, de convivir- establecidas sobre unas bases, materiales y culturales, diametralmente opuestas al régimen del capitalismo tardío, que muestran que hay otras maneras de vivir, a pesar de tener que hacerlo desde los estrechos márgenes que nos cede la economía del capital.

Estas otras economías, que han ido creciendo con fuerza en los últimos años fuera del radar de las élites (y también, desgraciadamente, de las mayorías sociales), se encuentran, pues, en pleno proceso de acumulación de fuerzas. Uno de los principales retos que encontramos en este camino es la falta de un relato común; de una visión de conjunto que permita identificar y combinar las diferentes propuestas, y aglutinarse en relación con un relato más amplio y compartido de transformación socioeconómica.


Este relato común es clave, no solo para hacernos visibles como un todo, sino también para desenmascarar iniciativas que no hacen más que reinventar las lógicas neoliberales bajo unas nuevas siglas, y aún más para confrontar los monstruos que emergen desde la extrema derecha.

Es por ello que hablamos de las economías transformadoras, como concepto aglutinador de aquellas propuestas de transformación socioeconómica que apuntan a un mismo horizonte. Existen cuatro movimientos de movimientos que, hibridándose entre ellos y con otras propuestas, son el corazón del círculo virtuoso de las economías transformadoras. 


    • La economía social y solidaria, con el comercio justo y las finanzas éticas, construidos sobre las bases del cooperativismo y la construcción de mercados sociales, hibridando la economía social tradicional con nuevas prácticas de autoorganización y democratización de la economía en todos los eslabones del ciclo económico, proveyendo bienes y servicios para la satisfacción de necesidades en lugar del lucro.


    • La economía basada en los comunes o procomún, con sus tres grandes subfamilias: comunes urbanos, comunes naturales y comunes digitales. Comunes, como tercera vía en la manera de gestionar los recursos y producir valor, basada en la gestión comunitaria, rompiendo la dualidad estado-mercado como únicos espacios visibles y legitimados para la producción, gestión y asignación de recursos del sistema económico.


    • Las economías feministas, para desplazar los mercados y el capital como centro de la organización socioeconómica y situar la vida y todos los procesos que la hacen posible de manera sostenida, con especial importancia de la economía de los cuidados y el papel clave de la mujer y de los valores feminizados en este procesos.


    • La agroecología y el movimiento por la soberanía alimentaria, con su papel clave en el replanteo del modelo agroalimentario como pieza básica para el sostenimiento de la vida, que es también el replanteamiento de nuestra relación con la Tierra y los ciclos naturales, y que, por tanto, conecta su lucha con todas las luchas por la defensa de la tierra, encabezadas por el ecologismo social y movimientos como el decrecimiento.

Y de estas diferentes miradas sobre la economía y sobre la vida, extraemos una visión conjunta, un horizonte compartido en torno a dos grandes afirmaciones:


    • La voluntad de hacer visibles las caras ocultas de la economía: estos movimientos sitúan en primer plano el papel sujetador de las condiciones de vida de la población de los sistemas naturales, de las tareas de cuidado y de los vínculos comunitarios. Estos espacios, que configuran una economía plural, han sido desestimados y, a menudo, intencionalmente atacados desde la economía de mercado, en su afán por mercantilizar todas las esferas de la vida y esconder la fuerza de esta pluralidad.


    • La necesidad de situarlas en el centro de la actividad económica: por lo tanto, ya no solo hacer visible, sino de defender y situar en el centro de nuestra vida económica la sostenibilidad a largo plazo de los sistemas naturales, de las tareas de cuidado y los vínculos comunitarios. Y hacerlo de manera que las formas que tome la organización económica se basen en una distribución igualitaria del poder y de los recursos y, por tanto, se enfoquen hacia la satisfacción de necesidades (y no hacia el lucro), y se haga desde de la gestión democrática y transparente.

Por lo tanto, podemos situar dos grandes ejes como base de este relato común: la sostenibilidad de la vida (en relación con la naturaleza, con nuestros cuerpos y con nuestras comunidades) y la distribución igualitaria del poder (la organización democrática y sin ánimo de lucro de las diferentes fórmulas en que organizamos los sistemas productivos, sea pública, social-solidaria e, incluso, privada), rompiendo las estructuras y cultura del poder establecida en el orden económico actual.
Las economías transformadoras buscamos, pues, que nuestra vida en común sea el eje de rotación de la economía, y acabar de una vez con la hegemonía del capitalismo decadente que nos rodea.

 

>> Saber más: "Un grito unánime de impugnación al Régimen"